Los verdaderos héroes

En Bolivia todo les parecía sueño. Sabían que jamás serían abandonados. Sabían del peligro aunque en el ADN-inocencia del cubano para asuntos de este tipo quizás no estaban tan conscientes de la complejidad de la situación. Lo que nunca fue un sueño era la incertidumbre, los sobresaltos, las calles bloqueadas, las puertas de cristal, la Interpol, las vejaciones… el miedo. Todo era un mal sueño. Lo fue hasta que aterrizó el IL-96-300 con la misión de llevarlos a casa.
El vuelo más largo de la vida de muchos, antes de conocer los nervios de acero de la tripulación dispuesta a todo para cumplir su encargo, antes de subir al avión casi sin entender todavía por qué tenían que abandonar a los que esperaban por una operación, o habían caminado seis días para una consulta; por qué habían convertido sus batas en un blanco político.
Un hecho que intentó desconocer lo que el Ministro José Angel Portal Miranda señaló: “Podemos mostrar con orgullo los resultados de esa cooperación médica, a la que 17 mil 648 profesionales de la salud han brindado su modesto aporte. Se han realizado en Bolivia 73 millones 330 mil 447 consultas médicas y un millón 529 mil 301 intervenciones quirúrgicas”.

Hoy tenemos la certeza de que hubo un después. Uno que aquí, a más de 4 mil kilómetros, y mar por medio, también esperamos con incertidumbres, con sobresaltos… con miedo.
Cuando el IL-96-300 comenzó a soltar su valiosa carga nacional seguían siendo 224 familiares cercanos de cada casa cubana donde una vela prendida, una oración, un sms… esperaba su retorno.

La Dra. Geima Alvarez Calero, especialista de 1er Grado en Medicina General Integral (que había cumplido misión en Botswana y Brasil) tuvo a su cargo una población de 1500 habitantes en el Barrio Todos Santos, Municipio Montero perteneciente al Departamento Santa Cruz de la Sierra.

Ella habla con la dulzura de las buenas personas. Casi por la voz puedes descubrir sus ademanes, su ternura.

Trabajamos fundamentalmente con la población más necesitada, así como en todas las actividades de salud programadas en el colegio de la comunidad como vacunación, evaluación nutricional de los estudiantes, entrega de antiparasitarios, etc”.

De su experiencia durante 11 meses recuenta “vivimos muchas cosas como lograr la asistencia a las consultas prenatales periódicas de una embarazada que en los anteriores (4) nunca asistía a sus controles. Otro paciente adolescente con una parálisis cerebral que refirió la familia nunca lo atendían en el terreno y desde que yo lo empecé a atender solo se dejaba examinar por mí. Una recién nacida que tuve que bautizar porque sus padres y abuelos me lo pidieron. Fueron muchas lindas historias que dejamos en Bolivia”.

Pero todo cambió desde el 20 de octubre:

Después de las elecciones nos mantuvimos trabajando mientras no se vieron comprometidas nuestras vidas. La ciudad donde yo vivía se tornó muy violenta. Los primeros muertos después de las elecciones fueron allí, saquearon mercados, le prendieron fuego a una terminal de taxis que el dueño pertenecía al partido Movimiento al Socialismo ( MAS) a partir de ahí todas las terminales cerraron. Bloquearon todas las principales avenidas, agredían las ambulancias y les ponchaban las gomas, realizaron manifestaciones frente al Hospital Municipal de Segundo Nivel, todo el día pasaban motos con personas tirando petardos. Fueron días muy estresantes.

Mientras el presidente Evo se mantuvo en el poder la policía era la encargada de nuestra seguridad pero a partir del golpe de Estado al presidente, que fue facilitado por ellos mismos, se dedicaron a la persecución y desacreditación de los cubanos. Desde ese momento nos quedamos solos, ya no teníamos seguridad en el país.

Cuando estábamos en la casa de tránsito en Santa Cruz, esperando el vuelo de regreso, se presentó primeramente la policía y la policía contra el crimen ( FELCC) que de forma muy inapropiada pidieron nuestra identificación y que le mostráramos dónde teníamos las armas, la droga y el dinero con que financiábamos las manifestaciones del MAS ya que ellos tenían una acusación de que en esa casa estaban grupos de cubanos que se dedicaban al terrorismo.

Nos revisaron los equipajes, y mientras estaban en eso llegó la Interpol y el coronel de la policía mandó a salir a su tropa. Ahí inició la requisa de la Interpol, nos hicieron las mismas preguntas, comenzaron a revisar todo.

A mí me dejaron en la habitación donde estaba como testigo. Hurgaron hasta en las almohadillas sanitarias. Preguntaron cuál era el plan que teníamos para salir de Bolivia, me pidieron el teléfono y revisaron todos los videos, fotos, mensajes… incluso los monederos.

En ese punto nos mandaron a revisar el cuerpo. Con una mujer policía de la Interpol nos pasaron al baño por separado a una laboratorista y a mí. Nos mandaron a quitar las blusas, ajustadores, bajarnos las bermudas, los blumers y cuando yo le pregunté el por qué me revisaban mis partes íntimas me dijo que era porque nosotras transportábamos la droga en los genitales. Luego preguntaron que por qué llorábamos si ellos no nos tocaron y le respondimos que para humillarnos no era necesario tocarnos.

El día antes eran los encargados de nuestra protección y al otro nos trataron como delincuentes y terroristas”.

Pero un avión volvió a poner a flor de piel las emociones:

Cuando vimos llegar el avión de Cubana fue tan grande lo que sentimos que le tiramos fotos y nos paramos en la puerta de embarque por más de dos horas. Nos explicaban que aún demoraba en salir pero nos manteníamos esperando en la puerta y mirando todos los movimientos desde los cristales.

Ya cuando puse los pies en el avión me sentí en Cuba, me sentí protegida. Al llegar yo solo lloraba; la compañera de la Unidad Central de Colaboración que nos esperaba me decía ‘no llores, escucha la música ya llegaste a tu patria’”.

Foto: Yoel Benítez Fonseca

Ileana García Venagera, Licenciada en Microbiología, y Ernesto Quintana Núñez, paramédico, fueron otro matrimonio que estuvo en Bolivia. Ella trabajaba a 40 kilómetros de donde vivían “porque era en El torno donde había condiciones para mi especialidad. Fueron situaciones a las que no estamos acostumbrados, nuestra policía no es así. Con los tranques en las calles era imposible ir a trabajar.

Laboré hasta el 18 de octubre. Al amanecer del 21 fue como si una varita mágica tocara la ciudad: las calles no eran transitables, estaban bloqueadas todas, empezaron los incendios. El ambiente estuvo tenso al extremo; hubo situaciones de nervios, no lloré pero mi corazón estaba destruido. Vimos cosas que aquí no son ni sueños: agresiones entre conciudadanos, eso fue muy fuerte.

Fueron noches sin dormir, nos rotábamos de guardia, las mujeres hacíamos la primera y luego los hombres. Fueron 21 días de mucha tensión. Sin salir de la casa, se nos fueron agotando las provisiones y eso nos alarmó. Todo fue muy violento, con mucho humo, candela… indescriptible”.

Se nos cuestionó mucho, comentó Ernesto, incluso hasta que fuéramos médicos, revisaron nuestros maletines para corroborar que lo que traían fuera instrumental médico. Trataron de humillarnos pero no pudieron porque hicimos nuestro trabajo, nos concentramos en esa tarea de humanidad. Basado en los principios de solidaridad que nos caracterizan como cubanos.

Cuando estábamos en el aeropuerto, tirados en el piso, vimos aterrizar el avión, cuando vimos la bandera cubana en el ala. Oiga, eso fue indescriptible, parecíamos muchachos mirando a través del cristal, eso fue lo más grande. Felizmente estamos en el lugar más lindo del mundo, nuestra Cuba”.

Ernesto, todavía visiblemente conmovido, de esos días solo repite unas palabras: “recibimos apoyo de todos lados, de allá, de aquí de Cuba. La tripulación que nos trajo son unos héroes. Lo que vivimos fue duro, pero estamos dispuestos a volver si es necesario, a ir a dónde hagamos falta”. Habla poco porque las palabras se le cortan en la garganta y los ojos se nublan, pero vale señalar que también él es un héroe en tierra porque fue de los choferes que trasladó a los colaboradores sorteando las cierres de carreteras y los posibles atentados.

Aún con todas estas experiencias en la piel y en el alma la respuesta es tajante. “Sí, siempre que la Revolución nos necesite volveremos a salir de misión, aseguró Geima. No podemos olvidar la importancia política y económica que representa para nuestro país y nuestro pueblo las misiones médicas en el exterior. Por esos motivos el imperialismo yanqui quiere desacreditarnos en todo el mundo; pero nosotros como dijo nuestro Comandante en Jefe somos un ejército de batas blancas y donde nos necesiten ahí estaremos”.

Estas son declaraciones que valen cada una de las letras del “!Viva Cuba, carajo. Misión cumplida!” con que se anunciaba la salida de los médicos cubanos de Bolivia.

Acerca de lamariposacubana

Periodista. Adoro las mariposas y mi familia (la de sangre y la que la vida ha puesto delante de mí: los amigos). Me encanta escribir. Orgullosa de ser hija, amiga, tía y hermana.
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