Presidio

Nada me dolió más en ocho días en la Isla de la Juventud que la imagen del Presidio.

Desde el 9 de marzo, Pablo va conmigo a todas partes dentro de la casa. Su Presidio Modelo fue del librero al aparador del comedor, a mi mesa de noche, al escritorio. Volver a sus letras fue un acto de dolor. Las huellas que cada una de sus páginas habían dejado son ahora más hondas, más viscerales.

 “Mas es inútil tratar de explicar la sensación indefinible que nos invade a la contemplación de la isla…

“Hay en esto algo de la historia: allí fue enviado José Martí, adolescente todavía, allí los hombres llegan para no salir sino dentro de diez… de veinte… de treinta años… Esos hombres, al divisar en lontananza la fila de las lomas, saben que aquello es su cementerio… que allí, privados de todo lo que es la vida, van a morir… Y Cuba se convierte para ellos, al instante, en un país fabuloso y remoto”.

Imponente, como la piedra que se sabe Historia, se yergue el edificio donde los moncadistas fueron confinados.

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Ver al lado de cada cama sus rostros, casi de niños, me regresó a la verdad eterna: este es un país que lo mueven los jóvenes.

Una vez más Almeida se me creció dentro: una esquina, la pequeña plataforma de mármol desde la que vio venir al tirano fue como un aldabonazo, las paredes parecieron entonar, otra vez, el Himno del 26 Julio, como hicieron ellos entonces; su cama, al lado de la reja, en presidio, en la boca del lobo sangriento y sanguinario, me reconfortaron la fe en su fidelidad.

Los salones donde estuvieron recluidos Fidel y Raúl me dieron risa y pena. ¿Quién podría creer que unos barrotes y una Isla podrían detener a un país, a tanta inmensidad?

Sin embargo, a unos metros de ahí la Historia siguió otro curso. Las cuatro circulares, y el comedor de los tres mil silencios, se alzan tambaleándose por el peso de los crímenes de sangre, del tiempo…

Levantarlas fue una afrenta a Cuba. Convertir ese trozo de Patria en laboratorio de inhumanidades es una inmensa deuda con la Isla.

Vándalos de toda índole sobrevivieron horas, días, años… en el Presidio, también lo hicieron campesinos que no cedieron a avaros terratenientes, y lo hicieron los jóvenes cuyo valor tiene el monto exacto de la verdad, la justicia y la libertad.

Juan Nuiry Sánchez, dirigente estudiantil y eterno joven universitario sentenció: “conocer el pasado reafirma el presente y consolida el futuro, si se tiene en cuenta que, una de las fortalezas de la Revolución radica en su historia y por tanto, su conocimiento debe estar en el centro de nuestros debates ideológicos, es necesario que su estudio no solo sea la suma de relatos y sucesos, sino el análisis de los mismos, reflexionar ante cada acontecimiento, ubicarlo en espacio y tiempo. En una palabra trasladar valores”.

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El chirrido de las rejas de entrada de la Circular 4 sobrecoge. En sus minúsculas  celdas estuvieron Jesús Montané Oropesa, Pablo de la Torriente, el gallego Fernández…estuvieron los que se negaron a servir sino a la Patria y pagaron con años de privaciones su valentía.

Las celdas ultrajadas por el tiempo, los escalones desgastados por las pisadas, las escaleras sin barandas, las duchas sin instalaciones, la torre del vigía a penas en pie, el techo robado por los ciclones, los sanitarios desprendidos y las paredes con mensajes de amor moderno, duelen tanto como los crímenes cometidos dentro.

El Presido Modelo es una página de muerte en nuestra Historia. Convertir en museo los salones ocupados por los moncadistas y hacer como que las cinco circulares no existieron, niega la misma esencia de esta Revolución.

Cuba no puede regresar nunca a la época del Presidio, a los enterramientos ocultos, a los números por nombre, a la cárcel de los aliados, a la Isla prisión. Solo hay una forma de garantizarlo: levantar ese monumento a lo que no podemos ser.

Hoy esas cinco moles, roídas por la mano del hombre, son casi irrecuperables, el costo sería millonario, y las necesidades del país más apremiantes y urgentes. Pero alguien tiene que mirar a ese Sur que nos troza el alma, alguien tiene que revertir la indiferencia para que no nos asuste el futuro;  porque ahí están, están para doler y para no olvidar.

Foto: István Bello Ojeda

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Acerca de lamariposacubana

Periodista. Adoro las mariposas y mi familia (la de sangre y la que la vida ha puesto delante de mí: los amigos). Me encanta escribir. Orgullosa de ser hija, amiga, tía y hermana.
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