Murió un hombre bueno

Murió un sacerdote bueno. Las palabras de Kapuściński martillaban mi mente durante el último adiós: “si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino”; porque la muerte del padre José Sarduy Marrero significa la partida de un hombre bueno.

A sus 83 años desbordaba extremas dulzura y alegría. Vestía de impecable guayabera, su andar, de pasos cortos y apresurados, su cabellera blanco marfil, su mirada amorosa y su picardía seguían siendo el sello del cura que conocí 22 años atrás frente a la pila bautismal.

Formado en las Escuelas Pías, maestro de profesión, hizo del sacerdocio el mejor ejercicio pedagógico para su comunidad; y aunque no compartía muchos procesos de nuestra vida cotidiana jamás usó el púlpito como escenario de críticas, porque Sarduy también era justo.

Siempre estaba cerca de los jóvenes, a educarlos se entregó como Rector del seminario San Agustín, ocupación en la que fue sorprendido por la muerte.

Era un hombre con esperanza, así lo definió Mons. Willy minutos antes de pedirle a los fieles que fueron a despedirlo, en santa misa a la iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes, que cumplieran su voluntad de cantar Color esperanza de Diego Torres. (Seguía dando lecciones de vida desde el ataúd azul violáceo que presidía el templo, así también es Sarduy)

Sarduy obró siempre, ese pretérito imperfecto que acompañará desde hoy todos los diálogos en su nombre, desde la más extrema sinceridad. Por eso fue acompañado entre aplausos, redobles de campanas y lágrimas en su última procesión fuera de una iglesia, esta vez hasta el reposo del Campo Santo.

En el camino las miradas buscaban el consuelo en un brazo hermano y la discoordinación de algunos denotaba cierto aire de orfandad para la que no estaban preparados; el paso de todos, callado y sentido, hasta Cristo No. 14 demostró la dolorosa verdad: murió un hombre bueno.

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Acerca de lamariposacubana

Periodista. Adoro las mariposas y mi familia (la de sangre y la que la vida ha puesto delante de mí: los amigos). Me encanta escribir. Orgullosa de ser hija, amiga, tía y hermana.
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