Perfectible

moncadaPerfectible. Así me gusta saber a mi Revolución. La que iniciada en Yara comenzó su etapa final en 1953.

En el año del Centenario del Apóstol, un grupo de jóvenes decidió probar la vida de Martí  ofrendando las suyas por la misma causa que el Maestro: la libertad.

La Generación del Moncada hizo saber, hace 60 años,  a Cuba entera,  que la semilla mambisa no había caído en suelo infértil.; sino que la tierra tantas veces abonada con la sangre de sus mejores hijos estaba a punto de dar el fruto definitivo para construir una nueva  nación. Construcción que 54 años después, cimentada irrenunciablemente en el socialismo, sigue siendo perfectible. Camino en el que nos falta mucho aún por andar, sobre todo cuando tantas veces hemos reconocido que nos equivocamos (y no escribo en un plural de la modestia, sino que me siento parte del asunto como pueblo que también soy).

Porque indiscutiblemente fallamos cuando en la escuela comenzaron solo a decir que la reconcentración de Weyler causó “hambre, miseria y necesidades”,  cuando olvidaron decir que Villena, para mí uno de los más completos jóvenes de la generación del ’30, además de organizar huelgas y morir por la Revolución escribía versos.

Fallamos cuando repetimos de memoria los gestos de desprendimiento de los moncadistas al vender los muebles de su casa, el estudio fotográfico que les daba de comer, sobre todo cuando se lee sin que se hinchen las venas y se agolpen los sentimientos “Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario”… en la Historia me absolverá.

O cuando hablamos en llano de la lucha en la Sierra sin antes haber intentado llegar al Martí que a 1942 metros de altura habla solo del arrojo, la valentía, el coraje y la cubanía de niños que fueron a parirnos una Patria con la fuerza de sus ideas; y cuando para hablar de la clandestinidad mencionamos a Frank País como el héroe del 30 de noviembre y el mártir del 30 de julio y no imaginamos todo lo que tantísimos hombres y mujeres hicieron desvelar a los bien armados y entrenados soldados de la tiranía batistiana.

Fallamos cuando del inmenso Raúl Roa solo recordamos Punta de Este y Girón, y él fue un Quijote grande, que se batió contra miles de molinos. Fallamos cuando en un primer momento fuimos inversamente proporcionales a la industria cultural o la contra cultura, o cuando restamos en vez de sumar.

Y aunque en cada momento hemos rectificado, o en pos de eso vamos, se nos quedó algo: en medio de todos esos fallos hubo una generación, un grupo de jóvenes que torció una esencia. La misma por la que otra asaltó el Moncada y tomó la Sierra.

Y yo sé perfectible este fenómeno, lo veo a diario en mis calles; pero aun así me duele que haya quien más allá de nuestras sombras y luces olvide sentir para dentro antes de alzar la mirada.

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Acerca de lamariposacubana

Periodista. Adoro las mariposas y mi familia (la de sangre y la que la vida ha puesto delante de mí: los amigos). Me encanta escribir. Orgullosa de ser hija, amiga, tía y hermana.
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4 respuestas a Perfectible

  1. Chojesús dijo:

    Común del ser humano: alzar la mirada, desviar la mirada, no querer ver…
    Un abrazo

  2. Rebeca dijo:

    Es cierto lo que planteas, hay que recordar, hay que hablar, hay que hacer sentir todo lo vivido para llegar nhasta hoy y para conocer a quienes hicieron posible todo lo que tenemos. Gracias por tu escrito

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