La Enana y yo

Enana, así le digo desde que dejó de ser la compañera de aula quye vivía prendida del teléfono público de la vocacional o buscando la más mínima razón para salir de pase, y se convirtió en mi hermanita, en mi amiga incondicional.

Aunque somos de igual estatura física ambas, hace mucho que descubrí que Liset no necesita las altas plataformas que usa hasta para dormir, es broma. Lisy sabe querer y es constante en ello.

Pelea como si tuviera 40 años, cuando desea algo lo persigue sin descanso y después de su largo día de trabajo en Vertientes tiene siempre tiempo para llamarme y estar atenta a la amistad que no nos cansamos de sacarnos en cara, amistosamente, que ella mantiene por teléfono y yo en mis visitas a su casa.

En nueve años me ha robado a mi madre que la quere como hija y se enorgullece que hoy, aquella niña que rezó con fervor porque se recuperara mi enferma rodilla es una prometedora estomatóloga, de hecho, su estomatóloga.

Un día, me espetó la más infundada de todas sus quejas “tantas mariposas que escribes y ninguna habla de mí” y callé, segura de que no era así, porque la más reciente de entonces todavía me dolía como presagio de un día gris.

Inviolablemente compartimos un rato el día de nuestros cumples, y en navidad solíaos escondernos un regalo en los pinos sintéticos de nuestras casas hasta que la rutina se simplificó al punto de pasarnos los presentes de una mano a la otra con solo una sonrisa por medio.

Ella tienen la puntería de llamarme justo el día que yo pensaba hacerlo, para variar, y es entonces que me tilda de abandonada, por suerte lo olvida pronto y comienza su interrogatorio habitual: “y, cuentame algo, hace rato que no hablamos”. Es verdad, hace tres días que no la llamo, aunque es más fácil que ella me llamé a mí. Una razón es que no me gusta hablar por teléfono, a diferencia suya, y la otra es que lo dejo para después.

Tengo la certeza de que Liset, mi amiga-hermana, siempre estará ahí, para comer cake, para reír juntas, para planear los viajes que nunca hacemos, para darme consejos para acotejar mi pelo rebelde, para un montón “de muchas” cosas; por eso no me esfuerzo en llamarla, o en buscarla más a menudo “para converzar un rato”, como me dice. Será que prefiero pensar que siempre va a ser así; y sé que lo será porque ella me quere como una hermana, y la familia es una constante para la Enana.

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Acerca de lamariposacubana

Periodista. Adoro las mariposas y mi familia (la de sangre y la que la vida ha puesto delante de mí: los amigos). Me encanta escribir. Orgullosa de ser hija, amiga, tía y hermana.
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