Un 26 de no cualquier Julio

Es indiscutible. Cuando se sube el Turquino, cuando se saluda a Martí, Cuba se siente más tatuada en el pecho. Hoy, es uno de esos días donde se definió el rumbo de mi Isla-corazón, un grupo de locos, de románticos héroes le dieron lo mejor que tenían: sus vidas, a la Patria. Esta es mi crónica, por ellos, por mí que soy el fruto de su entrega.

 

Era Julio y un grupo de cubanos no quiso esperar más. Al tirano no se le podía hacer creer que era Dios en esta tierra de mambises. Ni un segundo más podía seguir el estado de cosas que ponía a ricos en el el lugar del pueblo y a torturadores infundiendo terror en las calles.

Y comenzaron los partos. Nacieron niños que se hicieron hombres para estar en la lucha, las mujeres cocieron y alentaron, todos dejaron comodidades, madres, sueños personales por una libertad anhelada. Empezaron las entregas: nadie tuvo dinero para vestir, para comer, para salir, si la Patria estaba ultrajada; las fuerzas, los ahorros, los deseos eran para ella, para la dama tricolor que hacia 85 años peleaba con sus mayores armas, sus hijos, la guerra por la independencia.

Desde las ciudades se caldeó la idea: tomar la Isla por sus propias manos, reconstruirla en las propias narices de quienes la vejaban; los jóvenes de salones y universidades se hicieron soldados por el empuje de la vergüenza, cargaron armas con la esperanza de ponerlas del lado del que nunca se debieron haberse apartado, y así encañonar a los verdugos que nacidos en estas tierras ponían precio a su autodeterminación.

No necesitaron boceros, ni persiguieron la gloria fatua de las consignas públicas, en silencio, como se hacen las grandes obras, pusieron sus pechos para probar verdades.

De varios lugares de Cuba llegaron a Santiago, la tierra donde los hombres pujan las revoluciones y las madres paren héroes, todo estaba listo. El carnaval de las fiestas populares sería matisado por el de armas libertarias.

El plan no funcionó como estaba previsto. Unos murieron combatiendo, otros fueron vilmente cazados y asesinados, pero el pueblo supo que la tranquilidad había terminado, que se gestaba algo grande, que un rebelde ejército había despertado el fuego de la nación.

Hace 59 años los hombres y mujeres de la generación del centenario del Ápostol, echaron su suerte con los pobres de la tierra y llenaron su pecho de rojo y negro, el color de los héroes que habían nacido para pujar la libertad definitiva, un 26 de no cualquier Julio.

 

 

Acerca de lamariposacubana

Periodista. Adoro las mariposas y a mi familia (la de sangre y la que la vida ha puesto delante de mí: los amigos). Me encanta escribir. Orgullosa de ser hija, amiga, tía y hermana. Redondamente feliz de ser cubana.
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