El Piquete

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Lo confieso, muchas vueltas le he dado a este post. Lo pensé como la crónica diaria, pero Karina resultó estar entre los primeros en la lista de cronista que me encharcan los ojos, por eso prefiero esperar su próximo PostTurquino.

Pero yo estuve ahí, cerquita del epicentro donde se movió el mundo de 20 bloguero-adictos, y hoy, que me decidí a no dejar pasar un día más sin que este post sea escrito dejé encendido el ordenador y salí a caminar; regresé y puse el título en negrita, como para animar las letras, y una vez más me convencí de que mucho sentimiento hay entre mi corazón y mis manos.

Por eso ofrezco mis mejores disculpas por esta mariposa cargada de incoherentes nostalgias por los amigos, si usted hubiera tenido la suerte de ir a Santiago de Cuba, de compartir en La Mula y de subir al Turquino con mi piquete sabría que escribo con el corazón en la yema de los dedos.

Primero lo primero: una disculpa pública con Chely, a quien no reconocí cuando mochila en la espalda aún, en los bajos de la sede Mella en la Universidad de Oriente, repartía besos y abrazos, y ella, con la sinceridad de sus ojos negros y la sencillez de sus ademanes tocó mi hombro y me dijo: “Mariposa, yo soy Chely”, juro por este capullo que la vergüenza me sacó los colores, pero ella que es una amiga buena, sonrió y perdonó mi despiste.

En quien primero se detuvo mi vista (que conste que la ejercité con las fotos de los perfiles y de los nickname) fue en la palmera a quien desde hace mucho, vía Facebook, había bautizado Bet, y ella a mí Mary, como cariñoso diminutivo de mariposa, conocerla fue como llegar al penacho de una palma, desborda mucha cubanía y cariño.

Arnaldo, el otro matancero del grupo, resultó ser un gran bailador, alegre y expresivo joven, y aun con vértigo no se rindió en la escalda.

La entrada de Karina (el hada mágica de este cuento) fue muy expresiva: ¡camagüeyanos!… razón no le faltaba, la habíamos castigado dos horas en nuestra espera, pero su abrazo no se dejó esperar, ni su versatilidad, desdoblada en madre de todos, hermana mayor mejor, echándonos goticas de cloro en el agua, de bailarina, de alpinista.

Dianet, llegó dispuesta, sin mucho formalismo y con un beso y un “soy islabril” que no necesitó más presentación; ella se pasó el día sirviendo de guía, en la mañana de Rodo y Camilo, los capitalinos del piquete, y en la noche de los que nos antojamos de tomar helado.

Los habaneros demostraron ser los que más embullo tenían porque para ir desde su ciudad hasta Santiago en camión hay que tener muchos deseos- y qué bueno que fueron porque Rodo fue el alma de los chistes y de los juegos y Camilo el silencioso héroe de la tarde en que una de mis chancletas quiso quedarse para siempre en el río Turquino.

El resto de los holguineros, o sea Elizabeth y Jhonny fueron muy especiales también. Ely, compañera de cabaña, de fotos, y la herua de todos en la escalada; Jhonny, el mejor administrador que pudimos, ejem, que podemos tener, uno de los más bailadores del grupo. No puede faltar el chamán del equipo, el santiaguero residente en Holguín, Carlos, tras quien fuimos todos en busca de los Morones, pasando ríos y piedras, muchas piedras, pero valió la pena.

Están los que llegaron por avión, y se perdieron la noche santiaguera, los padres de la cámara más estimada y aplaudida por todos, los dueños del camarón de la sonrisa en divisa: Sheyla y Reynier.

En yutong llegaron a la Ciudad Héroe, desde Sancti Spíritus, y luego de una rotura de varias horas, Mary y Yumey, que pronto se encariñaron con todos y nos cuidaron y hasta ofrecieron el baño de su cabaña. El otro fotógrafo estelar fue István, que casi se queda en Santiago, pues su yutong vía Las Tunas llegó justo antes de salir para La Mula, pronto, y sin que él se entere, me robaré una foto a unas mariposas que es de su autoría.

El resto de la tropa lo puso Camagüey, la Tunie y la Yuya, de quienes no voy a hablar, porque vamos, esta mariposa tiene bien gorditas sus etiquetas, y sus nubes y alitas son mis sobrinas malcriadas; Albertico, el súper, fue un buen súper amigo nuevo; el turquinauta, Rafelito, se aclopó a la tropa, y bailó, y cruzó ríos y subió el Turquino como el primero y más capaz, Ernesto, el chofer, fue el hombre más importante, por el transporte y porque fue el encargado del puerquito que nos recibió con el pellejito crujiente el día de la escalada.

Y… bueno yo, la más pequeña de las camagüeyanas, quizás fui la que menos habló, la que ningún chiste hizo; pero me apunto entre los primeros lugares de los que dejamos un pedacito del corazón en el Pico, o en la no declaración de Karina, o en el cielo perfectamente azul que rodeaba a Martí, o en las nubes que quedaron debajo de nosotros, o en esta mariposa-adicción de la que tanto orgullo sentí entre otros iguales, y geniales, adictos.

No hablé para fotografiar momentos con la mirada: una noche estrellada con piedras por almohada cantando letras de Silvio, de Nicola, de los muñes; no hablé para grabarme las voces de todos y porque si dejaba el alma, al menos tenía que traerme la voz para contar y matar de envidia con mi piquete de amigos.

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Acerca de lamariposacubana

Periodista. Adoro las mariposas y mi familia (la de sangre y la que la vida ha puesto delante de mí: los amigos). Me encanta escribir. Orgullosa de ser hija, amiga, tía y hermana.
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6 respuestas a El Piquete

  1. karinamarron dijo:

    Ojalá fuera realmente un hada mágica, habría dispuesto, por mi voluntad, que aquellos días no terminaran nunca. Pero pensándolo bien, lo mejor son los días que están por venir, las nuevas aventuras, los nuevos sitios, la amistad multiplicada y cada vez más añeja. Gracias Mariposa

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