Rosa, rosado, fresa, pink…

No sé en que momento comencé a hacerle rechazo, casi peor que al amarillo. Solo sé que llegó un momento en que no soportaba nada rosa; quizás fue el exceso de hebillitas y batas de ese color, o las uñas insistidamente pintadas de “colores claros que son los que usan las niñas”.

Es que me parece un cliché eso de “el rosado para las hembras y el azul para los varones”; ojo el primero, en ninguna de sus tonalidades, me resulta algo masculino, pero el segundo queda bien en todos.

Como todo lo bien pensado, la saturación y/o inoculación venía acompañada de las muñecas con trajes rosados, los juegos de cocina, también de ese color, los zapatos de Cenicienta, en su versión plástica tenía matiz cromático el cristal, las coronas de princesas, todo, absolutamente todo….

Juro que no tengo nada en contra de él, pero llenó la copa de mis gustos, ahora estoy en el proceso de la rehabilitación, solo que no me van los estereotipos.

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Acerca de lamariposacubana

Periodista. Adoro las mariposas y mi familia (la de sangre y la que la vida ha puesto delante de mí: los amigos). Me encanta escribir. Orgullosa de ser hija, amiga, tía y hermana.
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