El Papa en Cuba

No recuerdo su voz, y sus gestos, aún de lejos, parecían trazos de artista cuando pinta sobre un óleo. A mis nueve años eso me pareció Juan pablo II, el Santo Padre, hoy Beato.

Llegó a Camagüey un 23 de enero a oficiar una misa, dedicada a los jóvenes, en presencia de 150 mil personas, creyentes o no. Hombre inteligente y amable este que supo agasajar a nuestro Agramonte cuando de él dijo que “movido pr su fe cristiana, encarnó virtudes que adornan a los hombres y mujeres de bien: la honradez, la veracidad, la fidelidad, el amor a la justicia”.

Él, que peregrinó por todo el mundo, llegó a Cuba con su verdad, al tiempo que hizo gala del respeto que merece otro Estado que, tiene por trinidad al hombre, al obrero y al campesino.

Cuba le abrió sus brazos mestizos en pieles y credos. No le pedimos beneficios.

Nuestras manos no se abrieron vacías para él, se extendieron llenas para que viera nuestra verdad y nuestro orgullo de ser como somos, de construirnos en la oración del trabajo y reinventarnos según nuestro capacidad de hacer, y sin Dios oficial sabemos ser mejores samaritanos que algunas naciones que se santifican como tales.

Hoy llega, 14 años después, Benedicto XVI, jefe de Estado, sucesor de Pedro, pastor del rebaño de Él en la tierra, trae su fe como carta de presentación, y como el segundo Jaun Pablo será recibido con amabilidad, respeto y derecho.

Este pueblo culto y libre, lo atenderá como toda personalidad merece, lo oíra en el respeto que su posición y su edad conlleva, siempre con el derecho de creer o no, de aceptar o no.

Su Santidad podrá hablar con la completa seguridad de que será escuchado, y su verdad recibida, y esperamos que en cambio haga lo mismo con nosotros; pues como dijera Fidel hace casi 15 años “el papa se consagra a sus ideas, a sus creencias de la misma forma que nosotros nos consagramos a las nuestras, consagra su vida a su trabajo como nosotros consagramos nuestras vidas a nuestro trabajo”.

Él hace su voluntad y nosotros la nuestra. En esa cordialidad lo recibimos, con los mismos mestizos brazos abiertos y con el mismo credo.

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Acerca de lamariposacubana

Periodista. Adoro las mariposas y mi familia (la de sangre y la que la vida ha puesto delante de mí: los amigos). Me encanta escribir. Orgullosa de ser hija, amiga, tía y hermana.
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