Embarro de Teatro

Ella lloró. Yo también. Se fueron antes de que me diera cuenta. No dejaron rastro, muy al contrario, ellos se llevaron de nosotros: las miles de preguntas de quiénes eran, de dónde venían; las interminables exclamaciones de admiración.

Ellos aguantaron de todo: niños queriendo tener su mejor recuerdo de ellos, los flashes encima, las miles de personas a su alrededor, el calor… el barro. Definitivamente el llanto fue mutuo.

D’Morón Teatro se fue, regresó a su terruño y dejó el mío embarrado de amores teatrales.

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Acerca de lamariposacubana

Periodista. Adoro las mariposas y mi familia (la de sangre y la que la vida ha puesto delante de mí: los amigos). Me encanta escribir. Orgullosa de ser hija, amiga, tía y hermana.
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