Mi bailarina española

La mera verdad, o la neta, es que mi buena memoria es selectiva, o con alzheirmer a conveniencia como le dije a un amigo. A veces recuerdo por meses una entrevista, y qué decir de las letras de canciones, o los números telefónicos y los cumpleaños. Sin embargo, cuando de poemas se trata, la mente se me nubla y me quedo en blanco.

Quizás el trauma viene de la infancia cuando me enseñaron a recitar mi número de identidad, mi dirección, el nombre de mi mamá y el del de su centro de trabajo, el número de teléfono de la casa, los medicamentos que tomaba y a los que le hacía alergia, mi edad y, cuanto dato pudiera hacer falta “para por si acaso”.

A esto le achaco que todavía hoy recuerde que mi casa de entonces era en San Rafael 163 entre Calvo y Rito Arencibia y que, como hace veinte años, no pueda repetir coherentemente, ni completo, ninguno de los dos poemas que supuestamente aprendí en mi infancia: Los zapaticos de rosas y La bailarina española.

Martiana hasta los tuétanos, aún cuando todavía no entendía en su dimensión de cubano universal a Martí, me fascinaban ambos versos. Del primero guardo los excelentes recuerdos de muchas veces haber interpretado el papel de Pilar y quedarme, en medio de la escenificación, lo mismo en el patio de la escuela, que en un aula, o un teatro con los pies descalzos al darle a la niña enferma mis zapaticos de rosas: “oh toma, toma los míos, yo tengo más en mi casa”.

Este, fue el primer poema que aprendí, y a la sazón, para seguir en la misma cuerda, me enseñaron La bailarina española, soberbio y único, con una carga emotiva inconfundible e inigualable, propia de Pepe. Y, justo aquí es donde todo se vuelve blanco….

Un poema usurpaba el espacio que el otro llenaba en mi corta memoria, así una y otra vez intenté retener Los zapaticos… y La bailarina… hasta que un buen día me di por vencida y decidí seguir siendo Pilar de actividad en actividad y emocionarme con las muchacha que a castañuelas limpias bailaba y recitaba la española escurridiza.

Por eso, ahora que vuelvo entre mis papeles-memorias y encuentro una copia de la Bailarina que me diera una vez mi mamá, se las dejo a ustedes, me la guardo a mí, en esta Mariposa muy cubana, que también, como muchos, tiene algo de española.

 

La bailarina española.

El alma trémula y sola
Padece al anochecer:
Hay baile; vamos a ver
La bailarina española

Han hecho bien en quitar
El banderón de la acera;
Porque si está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.

Ya llega la bailarina:
Soberbia y pálida llega:
¿Cómo dicen que es gallega?
Pues dicen mal: es divina.

Lleva un sombrero torero
Y una capa carmesí:
¡Lo mismo que un alelí
Que se pusiese un sombrero!

Se ve, de paso, la ceja,
Ceja de mora traidora:
Y la mirada, de mora:
Y como nieve la oreja.

Preludian, bajan la luz
Y sale en bata y mantón,
La virgen de la Asunción
Bailando un baile andaluz.

Alza, retando, la frente;
Crúzase al hombro la manta:
En arco el brazo levanta:
Mueve despacio el pie ardiente.

Repica con los tacones
El tablado zalamera,
Como si la tabla fuera
Tablado de corazones.

Y va el convite creciendo
En las llamas de los ojos,
Y el manto de flecos rojos
Se va en el aire meciendo.

Súbito, de un salto arranca:
Húrtase, se quiebra, gira:
Abre en dos la cachemira,
Ofrece la bata blanca.

El cuerpo cede y ondea;
La boca abierta provoca;
Es una rosa la boca:
Lentamente taconea.

Recoge, de un débil giro,
El manto de flecos rojos:
Se va, cerrando los ojos,
Se va, como en un suspiro…

Baila muy bien la española;
Es blanco y rojo el mantón:
¡Vuelve, fosca, a su rincón
El alma trémula y sola!

 

 

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Acerca de lamariposacubana

Periodista. Adoro las mariposas y mi familia (la de sangre y la que la vida ha puesto delante de mí: los amigos). Me encanta escribir. Orgullosa de ser hija, amiga, tía y hermana.
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Una respuesta a Mi bailarina española

  1. PEDRO G. HERNANDEZ MANDADO dijo:

    Carmen Luisa o Mónica como suelo decirte, al fin entré a tu blog, como te dije no había tenido tiempo por el trabajo que tengo aquí en esta colaboración médica en este pobre país africano que lleva por nombre Gambia, te agradezco que me hayas insistido entrar, sabia que tenían calidad tus trabajos puesto que revisé algunas tareas tuyas en la primaria en la secundaria en el preuniversitario, e incluso pude cooperar muy modestamente en tu tesis de grado, de manera que conozco lo suficiente tu talento, así y todo, convencido de que la calidad era evidente, no obstante desbordó con creces mis expectativas, revisé todos los trabajos y están sumamente interesantes, a mi corto entender excelentes, no creo que la calificación que doy este viciada por los lazos sanguíneos paterno-filiales que nos atan.
    Mérito aparte tiene el que le haces a los médicos, me impresionó mucho el listado de colegas míos, que aprecio mucho, sólo la observación que se te quedó en la relación tu tía Liliana Gonzalez Díaz, quien se positivamente que te profesa gran cariño y de allí se deriva el calificativo familiar.
    Me siento orgulloso de tu calidad de profesional, aunque lejos de ti, aquí dando mi aporte médico en estos parajes olvidados por el desarrollo, te envío el beso mas grande que puedo configurar, Tu papá, Pedro Hernández Mandado

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