Last but not least of La Gloria City

Porque los amores son contagiosos y esta Tunie mía, estupenda amiga y genial periodista, vino llena de una Gloria City especial, quiero compartilo con ustedes, y así quizás ella se anima a abrir su blog para que esta Mariposa no ande dando olores sola por el mundo…. los dejo con la Gloria…. y las fotos del Duro….

Mucha gente desconoce todavía que la primera colonia de norteamericanos en Cuba se levantó sobre los rojizos cimientos de la Sierra de Cubitas. Menudo lugarcillo para establecerse ¿verdad?; pero el insólito no fue cosa de mal gusto gringo, sino de una agresiva y mañosa campaña publicitaria, que vendió a estos ingenuos campesinos cientos de acres de una modernísima y tropical ciudad, totalmente inventada.

Había que atraerle a la recién intervenida Isla emigraciones masivas de mano de obra norteña, así que la Cuban Land and Steamship Company no reparó en escrúpulos al prometer avenidas, líneas férreas, hoteles, un eficiente puerto, restaurantes y teatros… comodidades todas vecinas de un lugar de ensueño al que bautizó La Gloria City.

Tan bonito y halagüeño nombre embarcó a más de uno, metafórica y literalmente hablando. A bordo del vapor “Yarmouth” y estrenando el siglo XX, los protagonistas del primer éxodo marítimo United States-Nuevitas se llevaron el fiasco de su vida al atracar sus ilusiones de progreso en el medio de la nada.

De doscientos que llegaron, unos 160 se atrevieron a desembarcar, quizás porque sabían quemadas sus naves en aquella empresa que ahora entendían suicida, y se fueron en busca de la prometida Gloria, a través de “cuatro millas de fango, jejenes y mosquitos”, según los testimonios salvados del olvido por el escritor nuevitero Enrique Cirules.

Sin embargo, la gran estafa se trocó en pocos años en orgulloso bofetón intangible de los estafados. Para 1914, ya aquellos laboriosos agricultores habían permutado, con su esfuerzo, de las iniciales y precarias casas de campaña, a un centenar de vistosos bungalows de cedro y caoba, que con su estilo Balloon Frame y montados en leñosos pilotes, invadían incluso los naranjales. En su Valley of Cubitas, llegaron a producir cientos de miles de pesos a partir del cultivo de cítricos y vegetales, que exportaban a La Florida.

Los más de 3000 gloriteños, ya no solo de origen norteamericano sino también polaco, alemán, danés e italiano, fundaron en el fondo de la sierra cubiteña una urbe con amplias y rectas vías, puentes de concreto y madera, dos espaciosos hoteles “biplantas”, una fábrica de jabones, luz eléctrica y alumbrado público. Para asombro incluso actual, el núcleo urbano levantado por estos colonos llegó a tener un pequeño central para elaborar mieles y azúcar, una imprenta que sacaba dos veces al mes el periódico local The Cuban American e imprimía libros y folletos del interés de la comunidad, una fábrica artesanal de zapatos vaqueros y de sandalias para damas, una iglesia episcopal y otra metodista, una orquesta de doce músicos y hasta un trainway (tranvía) con rieles y ruedas de sabicú.

¿Y qué fue de toda aquella Gloria? Pues que se la fue tragando el irrespetuoso ímpetu azucarero, la lejanía, la indiferencia de gobiernos que mutaron su interés anexionista por las comodidades convenientes de un protectorado y también la añoranza endurecida por carestías, que hizo a más de uno regresar a su tierra natal.
Hoy La Gloria City no es acaso ninguna de las dos cosas que reza su nombre políglota. Escondida al fondo de un pedraplén que custodian cuasi-endémicos marabuzales, este pueblito con nombre raro se pierde con todo el atractivo de su historia increíble.

Toda la gloria de La Gloria, en el patio de Yudel

Carlos Yudel Pacheco Iglesias es un joven gloriteño a quien la distancia generacional no le inhibe el amor por la historia de su pueblo. Junto a su familia, ha observado con tristeza en estos últimos años como se derrumban los restos supervivientes de la antigua ciudad, de la que apenas quedan hoy unas ventanas reubicadas en construcciones más modernas, las ruinas de la iglesia episcopal y un tambaleante correo.

Determinado a luchar contra el olvido y el paso desolador de los años, este instructor de arte y credor plástico asumió hace unos par de años el oficio de arqueólogo por cuenta propia. Con ingenio, ha convertido el patio que antecede a su hogar modesto en un museo al aire libre, que exhibe restos de la antigua gloria de La Gloria City.

Recojo todo lo que me encuentro, lo limpio y luego lo clasifico. Al principio era solo cosa mía, ahora la gente ya sabe que me dedico a esto y si se encuentran cosas que puedan ser de esa época, me las traen o me avisan por donde las vieron. Los niños son los que más me ayudan, gracias a ellos también comencé una colección de piezas aborígenes.”

El muestrario de Yudel abunda en motores de combustión del siglo XIX, de aquellos que los laboriosos colonos norteños debieron utilizar en tareas agrícolas, para moler arroz, aserrar o simplemente para generar electricidad. Muchas piezas acumulaban ya un siglo de sueño y salitre en sus herrumbrosas armazones cuando este muchacho se encargó de escarbárselas a la costa y traerlas a su patio, para que no se perdieran para siempre.

Conserva además una cúpula de la antigua iglesia episcopal, la máquina de vapor con la cual se construyó el camino desde Viaro hasta La Gloria y objetos más sencillos como vasijas, monedas, billetes, cerrojos y cerraduras, cubiertos y múltiples fotos de las familias estadounidenses fundadoras.

En un lugar más íntimo de la casa, yacen un espejo de casi 500 años, una radio Emerson, un reloj de 1883 que aún retumba campanas cada media hora , un candelabro con su vela antiquísima y la colección en inglés de las Obras Maestras de la Literatura Mundial, junto a algunos ejemplares de Charles Dickens. Todos estos son utensilios personales de Williams Stokes, el último norteamericano que vivió y murió en la Gloria City e inspiró el reconocido libro “Conversación con el último norteamericano”, del colega Cirules.

Mirtha, tía materna de Yudel, aún lo nombra “Míster Williams”, pues desde los doce años de edad trabajó al servicio suyo y de su familia. En el abandono filial de sus vejez le cuidó como a un padre, porque “él y su esposa fueron muy buenos conmigo, me ayudaron para que yo pudiera ir a estudiar a la ciudad, me invitaban a las fiestas en sociedad. La casa donde hoy vivo fue hecha con los restos de la antigua casona de ellos.”

Lamentablemente, el empeño de los Pacheco Iglesias no ha logrado sumar a todos los que se esperaría. La feliz idea protagonizada por Carlos Yudel ha encontrado a un entusiasta promotor en el director de la Casa de Cultura cubiteña, Reynaldo (Tata) Martínez Edú, quien “arrastra” a visitantes hacia los torcidos y lodosos trillos de La Gloria, para que aprecien lo singular de su pasado. Pero luego de dos años, los hallazgos siguen allí, en el honroso pero intrincado patio de una casa de familia, al abrazo de la intemperie y el desconocimiento popular.

Esperemos que con esta ayudita de Adelante, muchos álguienes más se contagien y ayuden a la conservación de este patrimonio camagüeyano, para que la posteridad herede de La Gloria algo más que las cruces con apellidos de extraña sonoridad que descansan en el cementerio de la colina.

María Antonieta Colunga Olivera (AKA Tunie)

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Acerca de lamariposacubana

Periodista. Adoro las mariposas y mi familia (la de sangre y la que la vida ha puesto delante de mí: los amigos). Me encanta escribir. Orgullosa de ser hija, amiga, tía y hermana.
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4 respuestas a Last but not least of La Gloria City

  1. Qué emoción… comentar en mi blog un súper genial trabajo de mi hermanita del alma, de una de ellas, María Antonieta… nada ¿se puede ser más feliz?

  2. mirelys dijo:

    Bello Tunie !!!!!! un abrazoteeeee
    HAAAAAAAA Gracias carmen por este Magnifico blog !!!!

  3. CÉSAR O.G.L. dijo:

    LOABLE ACCIÓN EN LA CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO LOCAL. GRACIAS A PERSONAS INTERESADAS POR LA HISTORIA DE SU LOCALIDAD, ES QUE VAMOS ESCRIBIENDO LA IDENTIDAD DE LA NACIÓN. SERÍA BUENO INCLUIR ESTOS SITIOS EN EL RECORRIDO DE LA POBLACIÓN CUBANA Y LOS QUE VENGAN DE OTRAS PARTES DEL MUNDO. FELICIDADES A ESTE ARTISTA POR SU NOBLE EMPEÑO. UN SALUDO. CÉSAR.

    • Gracias César por llegar a a la Mariposa. Este trabajo de María Antonieta me conmovió mucho, y más allá de la amistad-hermandad que nos une decidí que la Mariposa no se podía quedar sin guardar en sus pétalos este excelente reportaje.

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