Mi David y el Frank País de Carlos Alberto

Carmen Luisa Hernández Loredo.

 Dentro de unos meses cumplo la edad que tenía Frank País al ser asesinado: 22 años. País era un joven maestro alegre y profundo, de familia humilde y martiana; para quien la Patria tenía un significado mayor.

 Con el tiempo descubrí que además de papi, abuelo, y Fidel, el Che es mi paradigma, sé que es- creo que cuando se habla de Ernesto Guevara el pretérito no cuenta- un hombre de carne y huesos con enojos y sonrisas. Lo mejor de todo es que los mismos sentimientos que mueve el Che en mí los ocasiona Frank País en mi Carlos Alberto.

 La verdad, no me asombra porque veo en los ojos de mi hermano del alma  la pasión de Frank, la seriedad de sus actos y la entrega desprovista de miramientos. Muy dentro me impactó saber que tanto conmovía a  Carlos,  Frank País.

 De sobra conozco de su valor en la última, y fructífera, etapa de lucha en Cuba por la independencia. Su juventud no le impidió ser el jefe de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio (M-26-7)  en el territorio nacional, ni provocar temor a lo secuaces de Batista en todo el país, su disciplina y osadía le valieron el respeto y el reconocimiento de muchos hombres y mujeres orgullosos de ser cubanos.

 Sin embargo, creo que es la fe incondicional en el hombre, Fidel, que vio hacer temblar a su natal Santiago en 1953, y el compromiso, que sintió ineludible, al unirse al M-26-7 con tan poca edad lo que más le impacta a Carlos Alberto.

 Frank, el mayor de tres hermanos, al morir el padre asumió, junto con Doña  Rosario, mujer fuerte y valerosa, la educación de Josué y Agustín; ambos, al igual que el primogénito, fueron hombres justos.

 Josué, el mediano, siguió en espíritu y cuerpo los nobles ideales de Frank y por ello le fue arrebatada la vida. Justamente un mes después de estos hechos, delatado, cazado como animal y asesinado cobardemente, murió Frank País – y junto a él Raúl Pujol, compañero de lucha- en una calle santiaguera.

 El mismo ejército que cometió el crimen y su más temido hombre, Masacre, el Coronel Salas Cañizares, provistos de armamentos, y dispuestos a matar, no tuvieron la fuerza necesaria para enfrentar a todo el pueblo que salió a cargar en sus hombros a los hijos arrebatados que lucían por primera vez en la historia el uniforme verde olivo con el brazalete rojo y negro del M-26-7.

 A Doña Rosario y a América les quitaron el hombre que era hijo y novio, a Cuba le nació un mártir y desde entonces en Santa Ifigenia, cementerio de la ciudad de Santiago de Cuba, descansa un joven soldado cubano.

 A David- nombre en la clandestinidad de Frank- Carlos Alberto le da sus respetos cada vez que va a Santiago, visitar su nicho es un deber que lleva siempre consigo.

 Carlos encuentra siempre a Frank en sus principios y en su corazón. Yo veo al mayor de los País en Carlos Alberto, mi David. Ambos tienen, aún con la diferencia de épocas, la misma honda poderosa: la inquebrantable cubanía capaz de derribar a cualquier Goliat.

 Y cuando pienso en Frank, no puedo dejar de pensar en los versos de   Raúl Gómez García:

Cuando se muere en brazos

de la Patria agradecida

la muerte acaba, la prisión se rompe

empieza al fin,

con el morir la vida.

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Acerca de lamariposacubana

Periodista. Adoro las mariposas y mi familia (la de sangre y la que la vida ha puesto delante de mí: los amigos). Me encanta escribir. Orgullosa de ser hija, amiga, tía y hermana.
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