Sobrevivida

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Tengo miedo de dormir y despertar y descubrir que me faltas, que te me escapas, otra vez. Dicen que hace una semana no estás, y tengo miedo de seguir haciendo cuentas.

Se acerca la siembra definitiva, el reposo aparente, el silencio físico… y aún no sé cómo se llega a eso, a la recuperación, a la sobrevivida.

 

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Homenaje

galeria-9La plaza calló. El Himno se oyó, los pioneros rajaron el aire con sus certezas en ti, y el silencio se antepuso al pensamiento.

Estaban ahí los que te acompañaron toda la noche. Los que velaron tu sueño, los que no faltarán nunca. No cuando volvías a tu plaza, al mismo balcón de aquel 4 de enero de 1959, otra vez victorioso, como siempre.

7:15 a.m. hora de partir. Vuelve el silencio. Ya nunca más pisarás estas tierras nuevamente, vuelve el silencio hecho nostalgia, añoranza… ¿vale decir que ya te extraño?

Foto: Orlando Durán Hernández.

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La misión nuestra

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“Serás periodista” y la afirmación se hizo certeza cinco años después. Se es periodista a tiempo completo. Entonces, cuando llegan días grises como estos en los que tienes que recibir en el tránsito hacia la gloria definitiva a tu hombre (y lo digo con la seguridad de que a lo largo de 58 ha sido el hombre de muchas niñas, como cantó Carilda), quieres desmembrar tu ser, para hacer periodismo y para sentir con entrañas de nación.

Por eso cuando tienes que dejar la plaza y volver a la redacción sabes que haces bien, pero sabes también que dejas tu corazón detrás. Sobre todo cuando te repites una y otra vez una escena: mientras se coreaba “yo soy Fidel” hay un niño que acompaña la sinfonía, y al terminar grita bien fuerte “yo quiero ser Fidel”, si eso no es amor, entonces, yo no sé….

Así que cuando el cierre de una edición especial de Adelante da un respiro sabes que tienes que hacerle caso al cuerpo y volver donde está tu corazón. Entonces, una vez más, sucede la maravilla…

Al calor de tres velas tus amigos, periodistas también que no pudieron desmembrarse hasta terminar su labor, hacen historias, y hablan de Fidel, en presente, como debe ser, con risas, como debe ser, con fuerza, como debe ser.

Alrededor sigues viendo los mismos rostros que dejaste tres horas atrás. No importa que ya sean las 3:00 a.m., todos siguen en la plaza, en círculos, caminando, bajo sombrillas pegados a la fuente, cerca del Fidel luz que nos alumbra, pegados a Agramonte para sentir al Fidel cuerpo más dentro, seguros de que ese es su lugar en el mundo, el único donde este amanecer los debe sorprender.

Por eso sabes que tu hombre no se equivocó a los 27 cuando asaltó el Moncada, ni a los 36 cuando hizo de Girón la gran derrota del imperialismo, ni siquiera a los 89 cuando le dijo a Maduro y a Evo que había cumplido su misión.

Yo lo sé, yo lo entendí en la plaza. Lo vi en los rostros de todos los que estábamos: hay sucesión, hay vanguardia para seguir levantando banderas. Entonces recordé la afirmación, y me hizo feliz ser periodista: yo contaré las proezas de los nuevos Fidel de 27, de 36…. de siempre.

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Fidel, sin llanto

img_20161201_161540 Quizás porque grité con todas las fuerzas del cuerpo: “yo soy Fidel”, quizás por eso de querer guardar todas las sensaciones, quizás por la incertidumbre de su proximidad… no lloré.

Quizás no tuve tiempo de reaccionar. El pueblo, la gente, que se había comenzado a congregar desde la 1:00 p.m, se plantaba, se unía a una sola voz para llamarlo llanamente, como siempre, como desde el cariño sincero aprendimos a hacerlo, Fidel era la palabra más hermosa entre tanto silencio guardado durante cinco días de no creer su muerte.

Llegó, pasó por delante. Las fuerzas se redoblaron y las voces fueron más fuertes, y la potencia de su nombre cantado alejó los augurios de lluvia.

Los niños preguntaban si con decir Fidel era bastante, como si todo lo que tuvieran de amor dentro no cupiera en una palabra; la abuela demostraba la entereza de sus piernas, aún después de los 70, porque ella estaba probada en los largos discursos de los años 60, y porque “mija, si estuve aquí en el 59 no podía faltar hoy”.

Pasó. Quedó; porque los vítores fueron mayores, como la intensidad de su amor por todos, porque siempre supo darse. La mayor prueba está en su regreso en caravana victoriosa hacia Santiago de Cuba para estar junto al Maestro suyo/nuestro.

Quizás no lloré por eso, porque las voces, y los brazos y las lágrimas de otros me auparon. Quizás, quizás no lloré porque Fidel me enseñó que a los héroes se les recuerda sin llanto.

Después, sin mandato, sin señal, todos salimos camino a la Plaza, a cantarle al hombre y a honrar al héroe, a amanecer con él, listos para las próximas batallas.

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Para el Caballo

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¡Vive!

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Sí, porque cuando piensas que te caes, que no puedes con tanta pena, que las palabras nunca más saldrán de tu garganta, aparece una mano, hasta entonces desconocida, un brazo, que nunca antes habías visto, y ambos te levantan en cuerpo y alma pegando todas las fuerzas para soportar la sobrevenida.

Sí, Fidel vive. Vive porque Fidel es vida y fuego y fuerza, raíz y tierra.

No lo dudo, no hay forma de hacerlo. No cuando tanta gente siente su vida suya.

Sí, porque Fidel vive. ¡Vive!

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Amanacer junto a #FidelCastro

img_20161128_090947Cuando el sol se despertó ya las banderas ondeaban en toda la llanura nuestra. Fidel es una constante en estos días, los rostros, los pulovers, las flores todas son para él.

El joven traía en el pecho su imagen, la anciana tomaba fotos de los estandartes, el General de Brigada aguantaba las lágrimas por eso de que los hombres no lloran, y un estudiante no dejaba de nombrarlo.

Yo cantaba a Silvio para no pensar, oía a Camilo jurar que ni en la pelota le iba en contra, me llenaba el pecho oyendo la voz del barbudo mayor leyendo la carta de despedida del Che, y entonces volvía sobre las palabras de este cuando decía que esta obra ya había empezado a andar…. y llegando al word para escribir las primeras líneas, Carlos Puebla me decía al oído: “llegó el Comandante y mandó a parar”.

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